viernes, 16 de febrero de 2018

General Ingeniero ENRIQUE MOSCONI Una historia de novela, de Alejandro Aguado. Por Germán Cáceres

(Editorial Universitaria de la Patagonia, Comodoro Rivadavia, 2017, 92 páginas)




Instructivo y emotivo el prólogo del Doctor Alberto Ayape, Rector de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco.
Alejandro Aguado (guión y dibujo), en una suerte de advertencia a esta segunda edición, informa que la gráfica se orienta al realismo para reflejar la ambientación del período en que Mosconi (1877-1940) tejió su histórica epopeya. Y en la introducción comenta: “La historieta, al combinar textos e imágenes, presenta la ventaja de resultar más atractiva que un texto extenso. Por eso también se la conoce como “el cine barato”`.


Debe destacarse la intensa investigación realizada por el autor acerca de la carrera militar de Mosconi  y sus programas industriales en su carácter de ingeniero civil, así como de su férreo pensamiento nacionalista. Para ello diagrama una imaginativa página en cuadritos que se despliegan en abanico.


También subraya las conversaciones que mantuvo con el pionero de la aviación Jorge Newbery, cuyas opiniones  tanto influyeron en  su ideología (“Estoy convencido de que se debe desarrollar una industria nacional. A la vez, desde el Estado, se debe cuidar que en el país no se formen monopolios de empresas privadas extranjeras.”) Y, más adelante, un globo de diálogo de Mosconi afirma: “Estoy convencido que no habrá emancipación económica de Argentina sin la de América Latina.”


Aguado impregnó a sus dibujos de un toque de humor gráfico y mezcló en las viñetas personajes famosos de esta vertiente, como el Coronel Cañones, Don Fulgencio, Lupin, Fallutelli, Don Nicola, Agapito, Maneco, Sarrasqueta, Carbajo y Evaristo (este último es de historieta). Más allá de la versación y calidad visual del libro, su lectura resulta sumamente agradable.




Una viñeta página da cuenta de sus proyectos innovadores respecto a la aviación y otras dos explican las transformaciones económicas que trajo aparejada la explotación de petróleo en la Argentina. Además, se mencionan las distintas comisiones directivas, hasta que, en 1922, al crearse YPF, se lo nombró Director General.


Aguado utilizó su arsenal de recursos gráficos para ensalzar la figura relevante de Enrique Mosconi. Así, es excelente la recreación de época, especialmente los automóviles que en cierta forma decoran los cuadritos. Son muy eficaces los negros plenos y notables las representaciones de las edificaciones, de las destilerías (en especial las de La Plata y de Comodoro Rivadavia), de las torres de perforación y de la red de surtidores de aquel momento.


Lograda por su dramatismo es la sucesión de viñetas –en su mayor parte mudas– que dan cuenta del golpe de estado del 6/9/1930, que llevó al poder a José Félix Uriburu.


Al final se acompaña una bibliografía sobre Mosconi y la temática petrolera, a la que en el futuro deberá agregarse este valiosísimo aporte de Alejandro Aguado.



Germán Cáceres 

jueves, 8 de febrero de 2018

Entrevista a CARLOS AMORIN, por Germán Cáceres

Carlos Amorin (Carlos Alberto da Costa) nació en Río de Janeiro en 1964 y comenzó a publicar en 1984 sus trabajos de humor gráfico en el semanario Pasquim. De 1989 a 1998 colaboró como caricaturista en el Jornal dos Sports. Actualmente también realiza ilustraciones e historietas.
Es autor de Canastra Suja, un libro de cartoons.
Realizó trabajos para importantes empresas brasileñas. Obtuvo numerosos premios internacionales y fue invitado a participar en exposiciones en Francia, Bélgica, Bulgaria, Polonia, Portugal, México, Macedonia, Rusia, Turquía, Irán, Israel, Hungría, Italia, Cuba y Japón. Asimismo, fue disertante en varias de ellas.
Muestras individuales suyas se presentaronen el Museo Nacional de Bellas Artes de Río de Janeiro (1999) y en el Museo de Ingá (Niteró, Brasil, 1993). Actuó como jurado en concursos de su país y del exterior.
Ilustró libros infantiles y dirigió cursos de Diseño, Humor Gráficoe Historietas en instituciones de Río de Janeiro.




Germán  Cáceres: En su mayor parte tu obra está compuesta por humor gráfico de cuadro único, es decir por cartoons, y un gran número de estos son mudos. Yo tuve la oportunidad de visitar festivales de esta especialidad en Europa Oriental, más precisamente en Budapest (Hungría) y en Skopie (Macedonia), y me llamó la atención el fervor que existe en estos países por este arte. Además, muchas viñetas están pintadas al oleo o con acrílico y podrían pasar –si no se aclarara que son cartoons– por exhibiciones plásticas. ¿Influyó esta orientación en tus dibujos?

Carlos Amorin: No mucho. Uso básicamente papel, lápiz y tinta china en mis trabajos. Prefiero hacerles en blanco,  pues empecé a publicarlos en diarios que no tenían el color. No está conectado a tintas y técnicas variadas. Para mí lo importante es llegar al lector de la forma más simple y rápida posible. El aceite o el acrílico tardan. No me creo un artista plástico. Desde el principio me considero un cartoonist que ha aprendido a producir con la urgencia de un periodista.




G.C.: Me parece que tu grafismo se inclina por la gama cálida (a veces con grises y detalles en azul). ¿Esa preferencia la motiva algún criterio estético?
C.A.: El único criterio es captar el momento. Si el asunto es grave, creo que no caben colores alegres, por ejemplo. Pero no se trata de un protocolo que sigo rígidamente.

G.C.: Observo que en ciertas viñetas –como en la que aparece la ciudad de Davos en llamas y se repite la palabra crisis– hay una intencionalidad política. ¿Este objetivo es frecuente en tu humorismo?
 C.A.: Si, claro. No hay humor que no sea político. Incluso el cartoon aparentemente no comprometido tiene una tensión a ser explorada. El rico, el pobre, el capaz, el incapaz, el arrogante, el prepotente. Esta es la materia prima del humor. Muchas veces confundimos lo "político" con el "político partidario".



G.C.: Representás a tus personajes a través de trazos sintéticos, sin sombreado y con propensión al feísmo. ¿Qué razón te inclinó hacia esta gráfica?
 C.A.: Vamos desarrollando el estilo a través de los años, dibujando y viendo lo que funciona. Creo que el trazo del dibujante NECESITA ser único. Todos los cartoonists saben dibujar una silla, por ejemplo. ¿Para qué perder el tiempo si se hace igual a miles de otras? Nuestro trabajo sobrevive si el lector conoce la diferencia. Si no sucede, tú eres uno más perdido entre miles. Cuando afirmo que el rastro del dibujante NECESITA ser único, no digo que sea fácil. Esto es una demanda que generalmente dura toda una vida, sin la certeza de que vamos a conseguir algo.

G.C.: En algunos cuadritos tus personajes guiñan un ojo. ¿Por qué?
 C.A.: Sólo un afán de acentuar alguna expresión facial, sin una segunda intención.




G.C: Noto que abordaste varias veces el deporte. ¿Encontrás en esta actividad inspiración para desplegar tu humor? ¿O fue porque incidieron en tu profesión los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016?
 C.A.: Trabajé varios años como caricaturista del extinto Jornal do Sports (1989/1998), en Río de Janeiro, y me dio muchas satisfacciones. Lógicamente, es más fácil diseñar el fútbol que apreciarlo. Desde pequeño iba a ver partidos en el Maracaná. El juego es siempre árido, pero como cualidad humana es muy valioso hablar sobre fútbol, sus falsas glorias, sus falsos fracasos, sus errores y aciertos.

G.C.: ¿Buscás que el lector participe y se esfuerce en interpretar el chiste? Por ejemplo, en «Antidoping» los tres ganadores que integran el podio exhiben vasos de cerveza de mayor a menor tamaño de acuerdo a su clasificación.
 C.A.: Este es un cartoon sin palabras, sólo utilizo las imágenes para transmitir el mensaje. No me hago ilusiones de que todos los lectores lo entiendan, las interpretaciones de cada uno de ellos son libres. Pero busco, sí, facilitar al máximo el entendimiento. Cuánto menos interpretación haya, mejor.


G.C.: También están presentes en tus cartoons tanto el absurdo, como lo surreal o lunático. ¿Te ubicás con comodidad en este ámbito?
 C.A.: Sí, cuando la idea va más allá de lo usual y sigue siendo pertinente. El humor es siempre un lente de aumento, que expande y aumenta de tamaño algunas situaciones críticas. La exageración sirve para ver mejor y llegar a la síntesis.

G.C.: ¿Admirás a algún cartoonist?
 C.A.: Sí, al brasileño J. Carlos (1894-1950).




G.C.: ¿Seguís haciendo caricaturas?
 C.A.: Sí. El mercado ha cambiado bastante sobre lo que se entiende por una caricatura personal. Confunden retrato distorsionado con una caricatura. Veo trabajos bellísimos erróneamente llamados caricaturas. Pero la caricatura va a sobrevivir a esa fase, sin duda.
 G.C.: ¿Te atraen las historietas de género?
 C.A.: Sí. Publiqué decenas de títulos. Pero en Brasil se produce una masacre con los periódicos que publican historietas. La mayoría están extintos y los que sobreviven están en las ediciones digitales. Los cómics en Brasil resisten bravamente en librerías mediante ediciones de pequeñas tiradas. En internet, entre varios títulos, actualmente republicaron  Rua Paraiso en la dirección https://www.facebook.com/RuaParaiso/


G.C.: ¿Probaste dibujar historietas que no son tiras cómicas como Rua Paraiso?
 C.A.: Dibujé el álbum Aconteceu na Lapa (novela carioca en historietas), texto de Luis Pimentel y algunos otros proyectos menores. Me gustaría producir más en el futuro.


G.C.: Me parece que en la actualidad los lectores se inclinan más por el humor gráfico que por las historietas. ¿Cuál es tu opinión al respecto?
 C.A.: Cada uno de ellos tiene su público específico. Lo que pasa es que el humor gráfico es ideal para las redes sociales, dada su comunicación y la facilidad de divulgación. Esto no sucede con las páginas de una historieta.


G.C.: Entiendo que seguirás las actividades de los humoristas argentinos, cuya lista es interminable y su calidad indiscutible. ¿Podés comentar tus impresiones sobre sus trayectorias?
 C.A.: Siempre he acompañado a los maestros. Fontanarrosa, Crist, Sábat. La revista Humor se recibía aquí esporádicamente. Todo era muy difícil de llegar por aquí. Y si lo hacía era con retraso. Lo que veo hoy es que con internet hubo una explosión de excelentes cartoonists. Muchos de ellos terminaron teniendo contacto de inmediato y editan y yo los sigo en tiempo real. Y son decenas con excelentes trabajos de crítica y humor.


G.C.: Hablemos ahora sobre tus ilustraciones para libros infantiles, que exhiben un diseño sumamente simpático y pleno de ternura.

C.A.: Esta es otra vertiente que me gusta hacer. El poder concentrarse en la ilustración, sin la acidez cotidiana, es casi una purificación mental.



G.C.: ¿Ves películas de animación? ¿Te interesaste alguna vez por esta categoría cinematográfica?
 C.A.: Veo poco. Sólo las creaciones personales. Pero en su esencia es una actividad industrial.

G.C.: ¿Frecuentás exposiciones de pintura o de arte conceptual?
 C.A.: A veces caminando por la calle, acababa entrando en alguna puerta incorrecta y cuando percibía esto ya estaba dentro de una galería. Solo hago  excepciones para las exposiciones de grandes maestros que pasan por Río de Janeiro.

G.C: ¿Tenés algún proyecto en vista?
 C.A.: Sí. Pagar mis cuentas al día.

http://amorimcartoons.com.br/quemeamorim.html



jueves, 4 de enero de 2018

Hora Tres, una auspiciosa iniciativa, por Germán Cáceres

Se trata de la aparición del libro Hora Tres, Historietas, Antología 2017 (Buenos Aires, 2016, 200 páginas). Su equipo es el siguiente: factótum: Julián Blas Oubiña Castro; consultor: Alfredo Grassi; gráfica: Julia Rodriguez; portada: Franco Martín Viglino. En «Sobre el proyecto» se aclara: “Es una publicación cultural que no necesariamente persigue fines de lucro, pero sí de difusión y divulgación del arte narrativo y secuencial, de homenaje a la tradición de la historieta argentina, y de búsqueda de una síntesis de pensamiento frente a la historia, evolución y dinámica del medio”. Además, advierte que el sello Ray Collins Syndicate que figura en la tapa es un tributo al consagrado guionista Eugenio Zappietro.




En la publicación  aparecen numerosas ilustraciones (hasta en las tapa y contratapa) de Reina (una de las novias del Sargento Kirk), como homenaje “…a la historieta de mayor bondad y candidez que tuvimos.”, apunta Oubiña Castro en una suerte de prólogo. Los autores son Franco Martín Viglino, Fátima Fuentes, Marcelo Sosa, Jok, Paula Andrade, Laura Gulino, Derlis, Kundo Krunch, José Muñoz, Lea Caballero, Martha Barnes y Hernán Luis Castellano.



En El gato y la memoria (guión y dibujos de Luis García Durán) predominan los contrastes entre el blanco y los detalles en negro puro. Utiliza los textos para señalar el intento de su protagonista, el gángster Frank, de recordar lo ocurrido, ya que mientras se está  recuperando de un desmayo descubre que se encuentra herido. El resultado es un conjunto de imágenes vigorosas que ilustran un guión que mantiene el suspenso y la intriga sobre un asalto que tuvo complicaciones. Bukowski, del mismo artista, se inicia con dos poemas del gran exponente del realismo sucio norteamericano. Uno de ellos finaliza así: “…mis manos muertas/mi corazón muerto/silencio/adagio de rosas/el mundo en llamas/eso es lo mejor/para mí.” En la historieta García Durán narra con seguridad y ágil planificación el derrotero de un perdedor. La última viñeta concluye con una de cita del mencionado escritor y se transcriben también otros dos  poemas. Según Oubiña Castro, ambas historietas fueron realizadas para el mercado italiano.



Hernán Luis Castellano (dibujo) y Oubiña Castro (guión) emprenden en Los actos de codicia un western que presenta un tiroteo entre bandidos, cuyo motivo recién se conoce al final. El guión atrapa y el dibujo se luce con el entrelazamiento de viñetas. El mismo dúo es responsable de El revés de la trama –con un grafismo y un guión sólidos muy diferentes al anterior– y de Ubi Sunt, en la que abunda la sugerencia. En Möbius Crux, a Oubiña Castro lo acompaña Fernando Brancaccio, que aporta dibujos trabajados con filigranas sobre páginas negras acerca de una historia fuera del tiempo y del espacio terrestre, en la que impera el horror y los actos de violencia. El otro espejo reflexiona sobre la muerte y la inmortalidad, y es Laura Gulino quien da imagen a textos de Oubiña Castro basados en el primer emperador de China.


Trampa cósmica, con guión de Alfredo Grassi, relata el descenso de un espacionauta y de un robot-humanoide en Fobos, un diminuto satélite de Marte que carece de dimensiones. El texto propone un desarrollo formidable y da pie para posibilitar una versión literaria. Notable el trazo de Ernesto Melo, hecho de oposiciones de  blancos y negros. Imaginativo el diseño de viñetas sin marcos y cuya composición se libera de toda normativa. El prólogo aclara que fue publicada en Skorpio, y que “La versión actual ofrece un diferente tratamiento estético, pero respeta a rajatabla el grafismo original”.


Perché lo fai?/José Muñoz en primera persona es un autoreportaje que tiene una extensión de treinta y seis páginas a tres columnas y en cierta forma constituye un recorrido por la historieta nacional, en el cual se añora las viejas publicaciones (“El blanco y negro, el papel berreta con que se hacían las revistas, inclusive la impresión aproximativa con los colores que Stefan Strocen ponía en la tapa de Misterix, casi siempre corridos, todo aumentaba el encanto”).  Los agudos y sensibles comentarios del artista están acompañados por sus dibujos, la mayoría de Alack Sinner. También hay trabajos de Hugo Pratt y de Ramón Columba y fotos de José Muñoz junto a Alberto Breccia, Pablo Pereyra, Solano López. Se cita a Milton Caniff, Art Spiegelman, John Cullen Murphy, Frank Robbins, y aparecen fragmentos de las charlas de Muñoz con Breccia, Solano, Pratt y Oesterheld. Esta especie de monólogo interior posee un tono melancólico, tan argentino como porteño. Respecto a su colaboración con Carlos Sampayo, sobre Alack Sinner opina: “Como personaje nos empezó a ayudar; y después, cuando se volvió persona, se volvió amigo y compañero.” Más adelante comenta: “El dibujo, la narración historietística, el arte secuencial, la literatura dibujada, la figuración narrativa, los papelitos, los manchones, etc., me sirven de calmante, me ensueñan, me predisponen para trabajar sentimientos colectivos ante el público, ante mí y ante los famosos otros”. El escrito está fechado en Buenos Aires, Confitería Saint Moritz-2013.


La extraña historia de mi lápiz (2014), con guión de Roberto Barreiro y dibujos de Edu Molina, a quienes Oubiña Castro considera “…dos de los más destacados actores de la escena independiente de los 90”, expone una gráfica estilizada, como si fueran simples bocetos hechos de líneas. Al fin de cuentas su narración se centra en un dibujante y su lápiz.
Al servicio de la impunidad, por N.N. –quien “es casi un anónimo en el medio independiente…”, afirma en dicho prólogo– es un original planteo visual y narrativo. En Una historia…, el mismo autor sostiene que la política argentina nunca dejó de reprimir, cualquiera fuera el gobierno de turno. Es el texto que narra a través del testimonio de un personaje del cual sólo se ve la cara demacrada por el sufrimiento y la edad avanzada. Los dibujos no funcionan como cuadritos sino que son ilustraciones de torturas y otros atropellos.


La nota Las lecturas infantiles y la masividad de la historieta argentina, de Ricardo de Luca y Oubiña Castro, plantea que las historietas publicadas por Columba durante sus años de mayor masividad no eran para chicos sino para adultos, mientras que en Editorial Columba y la cultura argentina, dos momentos de intervención, ambos autores distinguen dos acepciones de la palabra cultura: aquella que solo considera cultas a las personas que saben apreciar las obras de arte superiores, y la otra, llamada antropológica, más amplia y abierta, que está relacionada con las maneras de sentir, pensar y actuar de las sociedades. De la historieta argentina al cómic nacional, por Oubiña Castro, reseña una historia de la historieta argentina y señala las relaciones de la evolución política y económica (inflación, devaluaciones, deuda pública, déficits fiscal y de la balanza de pagos, fuga de capitales, crisis financieras) en la dinámica de la Editorial Columba –a la cual no deja de alabar– y en el mercado de la historieta nacional. La nota es extensa (alcanza las veinte páginas de triple columna) y otorga una especial atención a los fanzines. Da pena leer la recapitulación de las numerosas revistas de historietas que dejaron de aparecer a partir de 1991.


Excelente y emotiva la trama de Un lied para el soldado muerto, con guión de Jorge Morahin, complementado por el arte de Gianni Dalfiume, que emplea expresivos contrastes de blancos y negros. Muy meritoria la planificación. La tragedia de la guerra aparece con una intensidad digna del Ernie Pike, de Oesterld-Pratt. El texto inferior de su último cuadrito dice así: “¡No lloréis! ¡Oh, no lloréis, camaradas!/ ¡Oh, camaradas! ¡No lloréis en el campo de batalla!”. En el prólogo se aclara que fue realizada para la revista Turay, que dejó de salir en 1975, en su Nº 4.
Boiled muestra expresivos dibujos de Renzo Podestá que refieren acciones dinámicas con audaces angulaciones. Utiliza siluetas blancas sobre fondos de negro pleno. Su guión es una mezcla de actos sangrientos con elementos de ciencia ficción. Oubiña Castro opina que Podestá “puede ser considerado el artista más interesante –y terrible– de la escena independiente argentina”.
El material de HORA TRES es sumamente valioso y –tal como anuncia el título de esta nota– constituye una auspiciosa iniciativa para potenciar la historieta argentina.



Germán Cáceres  

miércoles, 1 de noviembre de 2017

VALDIVIA, EL DISCÍPULO BOLIVIANO, por Germán Cáceres

(Víctor Valdivia, Potosí, 1897-1967)


Dos épocas de Valdivia


Debido a una beca que le concedió el gobierno de su país, fue alumno en el período 1918-1922 del gran Pío Collivadino en la Academia de Bellas Artes de Buenos Aires, de la que egresó como Profesor Superior de Dibujo. Se dedicó al periodismo y a la ilustración. Colaboró en Última Hora, Plus Ultra y, principalmente, en la mítica revista Caras y Caretas, de la cual fue Jefe de Dibujantes. En 1939, para el diario El Día de La Plata, adaptó en historieta la novela Los caranchos de la Florida, de Benito Lynch. Retornó a Bolivia en 1967. Poco se sabe acerca de su trayectoria como pintor, salvo que expuso su obra en Buenos Aires, Rosario, La Paz, Oruro, Cochabamba, Potosí y Sucre, y que Carlos Salazar Mostajo en 1989 escribió: “En uno de sus viajes a La Paz trajo una exposición que fue una demostración de su gran talento pictórico para la interpretación del paisaje potosino. Nunca se había pintado el ambiente atmosférico de esa tierra con tanta convicción, con tanto realismo.



En Caras y Caretas hay historietas de humor gráfico muy originales, en las cuales homenajea a Carlos Gardel, Azucena Maizani y Francisco Canaro. Utiliza doce viñetas con diálogos, pero debajo de ellas un texto mínimo desarrolla una narración. El mismo procedimiento lo repite en otros trabajos de cuadro único que podrían calificarse de cartoons,  algunos de los cuales no contienen globos. En estos sus figuras son sumamente sintéticas, casi boceteadas, como las que integran la serie «A punta de lápiz».



También ilustró tapas sobre obras literarias, demostrando en algunas su formación académica en el tratamiento del color y la representación de la figura humana (p.e. en Hoguera de amor, de Edmundo Montagne; El camino de las llamas, de Hugo Wast). Otras de esas tapas optaron por la caricatura, como La casaca roja, por Manuel Komroff; El combate de las fieras, por A.E. Coppard; El hombre que no sonreía, por Heriberto Shaw; El agregado, por Benito Lynch. Y algunas las realizó en blanco y negro: El especialista en divorcios, por Víctor Juan Guillot; El candidato invisible, por J. Jacquin.



Las caricaturas de periodistas (entre ellos Juan José de Zoiza Reilly) son joyas artísticas. La del presidente uruguayo Dr. Gabriel Terra está influida por el respeto a su investidura y es más convencional. La del Dr. Adriano Díaz Cisneros, Administrador de Impuestos Internos, tiende más al estilo burlón como asimismo la del enviado plenipotenciario de Portugal, Dr. Fernando Quartin D´Oliveira Bastos.


Poéticas y estilizadas son las caricaturas de «Nuestras escritoras» (Alfonsina Storni, Victoria Ocampo, Luisa Israel de Portela, Mercedes Moreno, Delfina Bunge de Galvez y Carmen S. de Pandolfini). En «Nuestros escritores» es menos refinado pero sus trazos rezuman calidad (Alberto Gerchunoff, Enrique Banchs, Enrique Méndez Calzada, Arturo Cancela, Constancio C. Vigil y Roberto Giusti). Los mismos lineamientos los aplica en «Nuestros pintores»: Fernando Fader, Césareo Bernaldo de Quirós, Jorge Soto Acebal, Pío Collivadino, Carlos P. Ripamonti, Emilio Caraffa.


Es autor de ocurrentes caricaturas políticas, como los seis hombres enfrentados con armas y que representan a otros tantos países: España, Alemania, Inglaterra, Francia, Italia y Bélgica. O la de funcionarios de la Capital Federal sentados a una mesa y dispuestos a engullirse glotonamente los platos de comida que llevan el nombre de nuestras provincias.




Caricaturizó a personajes de nuestro campo que provenían de la series radiales «Chispazos de Tradición», creada por Andrés González Pulido, y «Bajo la Santa Federación», de Carlos Viale Paz y Héctor Pedro Blómberg. Salvo las enormes cabezas, los cuerpos son proporcionados y sus vestimentas sumamente precisas.




Una bella imagen de una pareja de gauchos –hay una mujer con porte de heroína–, muestra su dominio técnico de la composición en diagonal y una magnífica armonía de complementarios hecha de gradaciones de verdes y rojos difuminados. Tanto los personajes como los respaldos de las sillas y un farol se orientan verticalmente y hacen juego con las líneas horizontales que aparecen en el poncho de la mujer y en el chiripá del hombre. La grafica en negro pleno funciona como ornamentación. Se puede considerar tanto una ilustración, una estampa o  un cuadro digno de exhibirse en una galería o en un museo.


Otra maravilla de su maestría en el manejo del color lo proporciona la escena en la cual una india se retira de una mesa después de servir a dos parroquianos. Es exquisita la estilización que plantea en una reunión elegante en la página que titula « ¡Nochebuena!». Otro ejemplo de exquisitez y refinamiento lo transmite la ilustración de una pareja besándose sentada en un sillón. Recurre a una armonía monocolor: el verde en diferentes tonalidades se embellece con ornatos distribuidos en los círculos estampados del vestido de la mujer y en las flores y plantas de una maceta.


Merece destacarse que ilustró el libro Cajita de música: texto de lectura para primer grado superior (Buenos Aires, Estrada, 1954). Se trata de buenos dibujos que destilan inocencia e ingenuidad, propios para chicos de ese nivel escolar. Los colores sobresalen por su delicadeza.


 Resulta oportuno repetir los conceptos que emitió el diario La Razón en 1929: “Porque en Valdivia uno de los aspectos más simpáticos de su obra lo constituye la espontaneidad, tanto como la sencillez, a cuyas cimas es posible llegar mediante una técnica largamente practicada, y, desde luego, con un sentido de apreciación que sólo se halla al alcance de grandes artistas.”




Germán Cáceres


Bibliografía

-historietapatagonica.blogspot.com.ar: «Rincón retro. Grandes ilustradores del pasado: Víctor Valdivia, Chispazos de Tradición, 1933».
-http://elias-blanco.blogspot.com.ar:«Diccionario Cultural Boliviano: Víctor Valdivia».
-http://www.museodeldibujo.com: «Valdivia, Víctor».
-https://luisalberto941.wordpress.com: «TOP-COMICS: América y sus dibujantes en la historieta argentina».

-Lipszyc, Enrique: El dibujo a través del temperamento de 150 famosos artistas. Editado por la Escuela Norteamericana de Arte, Buenos Aires, 1953.